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Los 10 errores emocionales del inversor y cómo evitarlos.

Hoy en día, en la era del internet, tenemos a nuestra entera disposición una inmensa base de datos en cuanto a formación se refiere. En el sector de la inversión podemos encontrar miles de libros, cursos, masters o webinars sobre análisis técnico, fundamental, inversión pasiva, activa, gráficos, etc. Toda esta información es extraordinariamente útil y tiene algo en común: pretende enseñarnos métodos altamente objetivos a través de los cuáles nosotros podemos tomar decisiones de inversión. No obstante, hay algo igualmente importante a la hora de invertir, pero mucho más difícil de manejar, capaz de destruir por completo nuestra estrategia de inversión. Estamos hablando de nuestras emociones.


El denominado behavioral finance, o cómo nuestros sesgos subjetivos afectan a nuestras decisiones de inversión es una de las ramas de la economía más estudiadas durante los últimos años y de creciente relevancia. El motivo de ello es que ha quedado demostrado a través de distintos estudios en materia psicológica que los seres humanos no siempre tomamos las decisiones más racionales, aunque creamos que sí.

En este artículo te vamos a explicar más a fondo por qué es importante que conozcas cuáles son los principales sesgos del inversor y cómo evitar caer en ellos para que tus emociones no se interpongan en tu estrategia de inversión.

Antes de seguir adelante tenemos que hacer un pequeño disclaimer: si se quiere aprovechar de verdad este artículo y sacar algo de él, es importante que dejemos de lado el ego, mantengamos la humildad y tratemos de ver si podemos sentirnos identificados en alguna de estas conductas.



1. Qué es el Behavioral Finance



El behavioral finance o behavioral economics es una rama de la ciencia económica dedicada a estudiar cómo afectan los factores emocionales, cognitivos, sociales… en la toma de decisiones del ser humano relacionadas con su actividad económica.

Si ya te has adentrado en el mundo de la inversión o estás pensando en hacerlo, lo más probable es que tu primer acto no sea ir corriendo al banco a abrirte una cuenta de valores e invertir en bolsa todos tus ahorros. Seguramente, primero hayas hecho un trabajo de investigación para saber qué es esto de invertir, qué riesgos conlleva, cómo puedes empezar, qué estrategias existen, etc. Pero, si todos hemos pasado por este proceso, ¿por qué se dice entonces que el 90% de la gente que invierte en bolsa pierde dinero en ella? ¿No se supone que somos todos seres racionales y tomamos decisiones frías y objetivas? Aunque nos cueste reconocerlo, no, no lo somos. Especialmente cuando se trata de dinero y, más aún si es el nuestro.

Lo cierto es que los seres humanos no somos tan racionales como nos creemos, si bien, es muy fácil caer en este pensamiento erróneo. ¿Cuánta gente conoce que le haya contado en un charla con amigos o en una cena con familiares que ha perdido dinero durante la pasada semana en bolsa, o durante el último año? ¿No? Y, ¿cuántos conoce que durante la última década de mercados alcistas se han regodeado y fardado de rentabilidad como si fueran el próximo Warren Buffet?

A todos nos gusta leer artículos y noticias positivas cuando nuestras inversiones están al alza o la prensa del periódico más afín a nuestra ideología política. Esto está muy bien pero, ¿cuánto valor nos aporta? Sin duda, nos hará sentirnos bien con nosotros mismos, pero ¿nos será de ayuda?

Probablemente el lector haya visto alguna vez por ahí un “gráfico de comportamiento psicológico” del inversor, hay montones. Si no es así, le ponemos a continuación un ejemplo. Nos gustan mucho estos gráficos porque son realmente ilustrativos y ciertos y son una perfecta descripción visual de cómo nuestras emociones pueden jugarnos una mala pasada.




Fuente: www.cosasdedinero.com

Mucha gente dirá que la mejor forma de evitar estas conductas es simplemente invertir a largo plazo y olvidarse. No vamos a entrar a debatir si esto es cierto o no, no obstante mirar a otro lado no es la mejor manera de prevenir errores o evitar riesgos. Sí, riesgos. Puede parecer absurdo pero nuestras emociones son un riesgo como lo puede ser un competidor nuevo en un merco o la volatilidad de las bolsas. Sea esta tu estrategia o no, tus emociones puede influir igualmente. Por ello, la mejor manera de evitar estos errores es primero conocer cuáles son y en qué situaciones se dan.


A continuación te vamos a explicar cuáles son algunos de los principales sesgos que pueden inducirnos a la toma de decisiones equivocadas.






2. Principales sesgos emocionales del inversor.




La lista no es corta y, a medida que avanza el estudio de esta materia, crece. No obstante, hemos tratado de recopilar algunos de los sesgos que nos parecen más peligrosos, más comunes y en los que nos creemos que podemos caer con más facilidad.


Podemos organizarlos de varias formas, pero para simplificar su entendimiento, lo haremos según la clasificación de James Montier en The Little Book of Behavioral Investing con cuatro categorías de errores: errores por autoengaño; errores en el procesamiento de la información; errores por los estados emocionales; y errores de influencia social.



2.1. Errores de autoengaño.



-Auto-atribución (y “des-atribución”)


Un sesgo muy común, especialmente en los últimos 10 años. Cuando las cosas van bien tendemos a concluir muy rápidamente que nuestro éxito es 100% derivado de nuestro talento y nuestras buenas decisiones. Somos “expertos” cuando logramos un 5% - 10% anual de rentabilidad en una década marcada por la inundación monetaria de los mercados. Por otro lado, cuando estalla una crisis debido a una burbuja inmobiliaria, el error nunca será nuestro. “Nadie podría predecirlo, ha sido mala suerte”, “Esto es culpa de los bancos” o “Son las grandes manos que están tirando la acción para comprar después más barato” son algunas de las frases preferidas en épocas bajistas.


Es importante que seamos conscientes de cuándo y en qué medida un resultado es atribución nuestra, sea bueno o malo. Solo así podremos mejorar nuestra estrategia.



-Sesgo de confirmación



Lo hemos comentado anteriormente. Nos sentimos más a gusto y con más confianza cunado nuestro entorno está alineado con nuestras ideas. Por eso, leemos prensa afín a nuestras ideologías políticas, nos suscribimos a newsletters de inversores con estrategias parecidas a las nuestras y hacemos publicaciones ante un público que sabemos que apoyará nuestras ideas. Nos gusta que confirmen nuestros planteamientos, pero esto realmente no es enriquecedor.


Lo que nos ayudará a mejorar y evitar riesgos sería más bien lo contrario. Exponernos a las críticas nos hará entender diferentes puntos de vista, razonar y replantearnos nuestras ideas antes de tomar una decisión de inversión. Es importante hacer este ejercicio aunque no sea especialmente cómodo para nuestra autoestima.



-Disonancia cognitiva



El ser humano es propenso a creerse lo que quiere creerse, aunque no sea un fiel reflejo de la realidad. Hay muchos ejemplos, en distintos ámbitos de nuestra vida. Todos habremos conocido a la típica persona especialmente crítica con las redes sociales que alguna vez ha dicho “a mí no me gusta Instagram” y dentro de un año o dos… ¡sorpresa! Solicitud de seguimiento recibida. Ahora nos dirá que “lo tengo pero no lo uso nunca” o “no subo fotos”. Pues bien, lo mismo pasa en los mercados. Muchas veces dudamos a la hora de tomar cierta decisión de inversión pero, una vez tomada, nos aferramos a ella sin la más mínima duda, hasta llegar a defenderla con dientes y uñas ante las críticas externas. ¿Realmente quería tomar esta decisión? ¿Era la correcta?





“Nadie podría predecirlo, ha sido mala suerte”; “Son las grandes manos que están tirando la acción para comprar después más barato”


2.2. Errores en el procesamiento de la información




- Errores de predicción



Esto ocurre con mucha frecuencia cuando le damos demasiada importancia a eventos recientes. Es muy común que cuando un fondo de inversión tiene un año extraordinario de resultados o consigue llegar a los “top 10” de alguna de las categorías del mercado, la gestora en cuestión haga máxima difusión de esta noticia. ¿Lo hizo así cuando se situaba por debajo del top 10? Fijarnos en resultados recientes suele ser muy mal indicador de riesgos y una estrategia pobre para conseguir resultados. Que el mercado haya subido en el último año o en los últimos 10 no significa que lo vaya a seguir haciendo próximamente. El análisis que debemos hacer es el de por qué ha subido el mercado. Si no encontramos respuestas lógicas y que nos hagan pensar que esto seguirá siendo así, malas noticias. Si, aun así decidimos quedarnos porque “no tiene sentido, pero hasta ahora ha subido así que seguirá”, estaremos incurriendo en un error de predicción.



- Efecto ancla



Uno de los sesgos más comunes y sin duda más peligrosos. El efecto ancla surge cuando tomamos un precio en la fecha “X” como precio de referencia. Pongamos un ejemplo, en octubre de 2015, la acción de Telefónica rondaba los 12€. Solo 8 meses después, la empresa valía unos 8€, un 33% menos, ¡un chollo! Esto debió pensar muchos inversores en aquel momento que tomaron como referencia el primer precio. En la fecha de publicación de este post (septiembre 2020) la acción vale 3,30€. ¿Se debe considerar esto caro o barato? Dependerá del valor futuro que le demos a la empresa pero, sin duda alguna, no depende del precio que tenía hace un mes.



- Sesgo de representatividad



Muy parecido a los dos anteriores. Este sesgo consiste en tomar la información que nos conviene como representativa. Por ejemplo, porque una empresa haya ganado cuota de mercado en los últimos trimestres no significa que lo vaya a seguir haciendo de forma indefinida, pueden surgir nuevas formas de competencia. En muchas ocasiones, nos olvidamos de la regresión a la media y este es un factor muy importante. Unos resultados extraordinariamente buenos no son sostenibles en el largo plazo, de ahí el “extraordinariamente”. En algún momento, estos tendrán que volver a la normalidad, aunque la normalidad sea resultados “menos” buenos.


Este, junto con los dos sesgos anteriores han sido investigados en profundidad por el premio Nobel de Economía Daniel Kahneman, una de las grandes figuras en la rama de la psicología y la economía conductual. Te animamos a echar un vistazo a su libro “Pensar deprisa, pensar despacio, uno de los favoritos en nuestra biblioteca TFR y que desarrolla en mayor medida la manera en la que los seres humanos pensamos y tomamos decisiones.



"La acción rondaba los 12€ ... solo ocho meses después, la empresa vaía unos 8€, ¡un chollo!"

2.3. Errores por los estados emocionales



- Aversión al arrepentimiento



Este es un sesgo muy común en el que el inversor siente miedo a “perderse el movimiento”. Es fácil ponerse eufórico cuando todo el mundo está hablando de subidas por miedo a perderse la escalada. Este sesgo es especialmente peligroso cuando tenemos una posición abierta en pérdidas y tememos arrepentirnos por no habernos quedado hasta la “recuperación” si vendemos ahora. Este error está muy ligado al de costes irrecuperables.



- Incurrir en costes irrecuperables.



Una de las cosas más difíciles de hacer es saber distinguir entre lo que es un coste irrecuperable y lo que es una simple corrección. Si la inversión ya está perdida, de poco nos servirá hacer cuentas, promediar o, peor aún, tomar decisiones precipitadas como apalancarnos en un “chollazo” para recuperar la pérdida. Mejor cortar por lo sano y saber cuándo poner punto final. Vale la pena recordar mediante la siguiente tabla cuánto porcentaje tiene que volver a subir nuestro activo para recuperar el nivel de caída realizado.



Como vemos, si nuestra inversión cae un 50%, necesitamos doblar el precio para volver al nivel inicial. A partir de aquí, que cada uno identifique cuál es su límite.

Ante estos dos sesgos es muy útil plantearnos la siguiente pregunta: si tuviera que tomar actualmente la decisión de comprar este activo, ¿lo haría? Si no es así, ya sabe el lector lo que tiene que hacer.









Si nuestra inversión cae un 50%, necesitamos doblar el precio para volver al nivel inicial. A partir de aquí, que cada uno identifique cuál es su límite.


2.4. Errores de influencia social



- Sesgo de efecto rebaño



Nos gusta mucho este nombre y es que, es muy fácil que en ocasiones seamos “pastoreados” inconscientemente. Piénselo bien, aunque en internet hay miles de fuentes de información y dispongamos miles de libros de educación financiera, es muy común que nos encontremos leyendo una pequeña selección de estos, al igual que la mayoría de la comunidad financiera. Esto hace muy fácil que seamos influidos por lo que estos medios dicen y que seamos más propensos a perder nuestra objetividad en la toma de decisiones. Esto es lo que hace que cuando vemos 3 meses de titulares diciendo “S&P 500 en máximos históricos”, compremos S&P 500, al igual que todos.



- Dilema del prisionero



Este sesgo ocurre potencialmente cuando se nos presenta la situación de “si todo el mundo lo hace, yo también”. Si el día de mañana el tuitero “X” o el famoso inversor “Y” deciden salir del sector tecnológico o entrar en el sector farmacéutico es muy probable que una horda de seguidores vayan corriendo a hacer lo mismo. Esto puede inducirnos a caer en la tentación de hacer lo mismo porque lo hacen los demás, pero es una mala decisión a corto plazo. Si somos capaces de vaciar estantes enteros de papel higiénico ante el miedo de un déficit de oferta, imagínese lo que somos capaces de hacer en los mercados financieros.




Si somos capaces de vaciar estantes enteros de papel higiénico ante el miedo de un déficit de oferta, imagínese lo que somos capaces de hacer en los mercados financieros.


3. Cómo evitar caer en estos sesgos.



Si has llegado hasta aquí probablemente te hayas sentido identificado en alguno de los puntos anteriores. Si es así, no te preocupes, al fin y al cabo, aunque no siempre somos racionales, sí somos seres inteligentes y, ante un problema, buscamos soluciones. Te proporcionamos a continuación una pequeña lista de consejos que puedes aplicar para tratar de evitar incurrir en estos sesgos.



  • Antes de tomar una decisión de inversión, ten claro por qué la tomas. Es muy recomendable hacer un “checklist” de elementos a analizar y comprobar, según tus propios criterios. Una vez la tengas y hayas tomado la decisión, ponla por escrito e incluye los motivos por los que la has tomado. Mantenla a la vista y sírvete de ella para hacer un seguimiento de la evolución en tu inversión.


  • Una vez que hayas realizado tu inversión, deja de darle vueltas a tu decisión o a regodearte en ella. Ponte a buscar críticas y argumentos contrarios a la misma. Esto te ayudará a encontrar potenciales riesgos y evitar pérdidas probables. No es una tarea fácil de hacer, pero sí altamente útil.


  • Trata de no fijarte en niveles pasados de precio. Recuerda que en la mayoría de inversiones, el precio más bajo es cero y el más alto es infinito.


  • Ponte restricciones y cúmplelas. Si tu pérdida máxima a asumir es un 15%, vende cuando tu activo haya bajado hasta ahí. Olvídate del ruido y de las noticias y mantente en tu estrategia. Nuevamente, es muy útil mantener esto por escrito.


  • Cuando estés invertido en un activo y estés ante la duda de si mantenerlo o no, vuelve a preguntarte, ¿lo compraría ahora?


  • Diversifica tus fuentes de información y tu entorno. Solo así podrás salir de tu “burbuja de felicidad” y darte cuenta de los verdaderos riesgos. Si le preguntas al blogger “@buyandholdXYZ” que si tu estrategia a largo plazo es buena de dirá que por supuesto que sí, todo a largo plazo sube.





Esperamos que este artículo te haya sido de utilidad y, aunque hemos querido resumir los principales sesgos, sentimos decirte que estos son solo unos pocos de una lista más larga. Si deseas evitar caer en ellos, la única opción que tienes es informarte y estudiar sobre la rama. Conocer el riesgo es la única forma de evitarlo.


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