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Las 5 cosas que debes saber antes de empezar a invertir.



Si has llegado hasta este artículo es que vas por buen camino y has tomado la gran decisión de comenzar a invertir. Sin duda, has tomado el camino correcto, no obstante, esto no significa que vaya a ser un camino fácil y sin obstáculos. Este viaje es uno en el que es muy fácil cometer errores, acabar confuso e incluso sentirse derrotado. Al fin y al cabo, estamos hablando de nuestro dinero, ese que tanto esfuerzo y sudor nos ha costado obtener y del cual dependerá nuestro futuro y, si podemos, el de nuestros descendientes. Por tanto, su tratamiento no es algo que podamos tomar a la ligera.


Nosotros mismos nos hemos topado con bastantes errores desde que empezamos a invertir. Seguimos chocando con algunos y sabemos que volveremos a hacerlo en un futuro. Por ello, seguimos trabajando y estudiando diariamente para que estos erros se repitan cada vez menos y podamos sacar el máximo provecho de nuestras inversiones.


Sin duda, hay ciertas cosas que nos hubiera gustado saber antes de empezar a invertir. En este post, queremos compartir algunas de ellas y otras que ya conocíamos y que creemos que es importante que todo el mundo las tenga en cuenta.





1. Ten claros tus objetivos.


Este punto bien se podría aplicar como un principio vital en cualquier aspecto de nuestra vida. Todos necesitamos un motor, una guía, una meta que nos empuje a trabajar día a día y a dar lo máximo de nosotros mismos. Tenemos que saber por qué nos levantamos cada mañana y qué es lo que nos empuja a seguir.


En el ámbito de la inversión esto no es en absoluto diferente. Antes de invertir nuestros ahorros, tenemos que preguntarnos y tener claro: ¿por qué quiero invertir? ¿Cuál es el objetivo de mi inversión? ¿Necesito invertir para conseguir este objetivo?


Quizás tu objetivo sea comprar una casa dentro de 5 o 10 años, jubilarte a los 50 o, simplemente, lograr la ansiada libertad financiera de la que todo el mundo habla. Sea cual sea el objetivo, es importante que lo tengas claro. Este será tu brújula y será el faro al que mirar cuando te sientas perdido o confuso.


Es además importante que no veas la inversión como un fin, si no como un medio para conseguir tu objetivo y, a su vez, este objetivo como un medio o sub-objetivo que te ayude a alcanzar tu objetivo último en la vida o tu misión. Es decir, quizás inviertes porque tu objetivo es alcanzar la libertad financiera, pero probablemente esta no sea un fin en sí mismo, si no que tu misión sea lograr una estabilidad y una felicidad para ti y tu familia en última instancia, para la cual necesitas de esta libertad financiera.


Por otro lado, es importante que tengas objetivos a diferentes plazos, así como objetivos de distinto nivel. Si tu objetivo es tener un colchón suficientemente abultado para tu jubilación, pongamos 400.000 euros, necesitas establecer objetivos a corto y medio plazo para lograr llegar a la meta final. Es decir, a medio plazo, puede que mi objetivo sea haber logrado 200.000 euros de capital aportado 20 años antes de jubilarme. A corto plazo o muy corto plazo, quizás mi objetivo tenga que ser, ahorrar entre 800 y 1.000 euros todos los meses.


Es importante que tengas en cuenta estos plazos de tiempo, porque ponerte objetivos solo en un espacio temporal es insuficiente y es fácil que pierdas el rumbo. Si solo te centras en ahorrar lo máximo posible cada mes, es probable que en pocos años te veas con una gran cantidad de dinero ahorrada y que tomes la decisión de comprarte ese coche o esa casa en primera línea de playa que siempre habías deseado, pero, ¿dónde quedará tu jubilación? Por otro lado, si solo te pones objetivos a largo plazo pero no estableces la forma de alcanzarlo (mediante objetivos a corto y medio), ¿cómo vas a lograrlo?


Esta segregación temporal nos conduce a hablar de un aspecto clave a la hora de adentrarnos en una inversión: el horizonte temporal. El horizonte temporal es un factor determinante y que a menudo será el indicador clave a la hora de decidir si debemos decir sí o no a una inversión. Pongamos que tengo ahorrado X y mi objetivo a corto plazo es dar la entrada de la casa de mis sueños, que a su vez es un objetivo clave para conseguir la estabilidad y la felicidad de mi familia. Mi idea es dar la entrada de los próximos 1 a 2 años. Se me presenta la oportunidad de invertir en el fondo Y o en la acción Z. Quizás, lo más oportuno será rechazar ambas inversiones, puesto que el horizonte temporal para obtener rentabilidad en este tipo de activos suele ser más largo, mientras que el mío es mucho más corto y esta inversión sería un riesgo muy elevado. Por tanto, tendré que seguir buscando y encontrar un activo cuyo horizonte temporal se alinee con mis objetivos. Este es un ejemplo muy simple pero basta para entender el término.


Así mismo, esto no significa que únicamente podamos tener un objetivo u horizonte temporal. Podemos tener dos, tres o cuantos nos sea posible. Esto dependerá de las circunstancias de cada uno y de la importancia que le demos a cada objetivo. Por ejemplo, puedo no invertir el capital ahorrado para la entrada de la casa que daré dentro de 2 años, pero sí invertir un porcentaje de los ingresos que sigo obteniendo con mi trabajo, para aportar a otro de mis objetivos como puede ser la universidad de mis hijos.


En conclusión, sean cuales sean tus objetivos y tus metas, es muy importante que los tengas bien claros y no los pierdas de vista. Ayuda mucho el ponerlos por escrito e ir revisándolos de forma periódica para ver en qué punto nos encontramos y qué ajustes es necesario hacer. Es especialmente útil consultarlos cuando vayamos a realizar una inversión y preguntarnos: ¿me ayudará esto a lograr mis metas?




2. Haz una Planificación Financiera y se realista con tus números.



Una vez tenemos claros nuestros objetivos, es hora de empezar a hacer números. Es sumamente importante que seas lo más realista posible en este paso.


Es muy fácil, y muy ingenuo, visualizar de qué manera los números van a jugar en nuestro favor para alcanzar nuestro objetivo. Desgraciadamente, el ser humano suele ser excesivamente optimista en este tipo de situaciones y es habitual que nuestras ecuaciones no sean correctas.


Normalmente intentamos contarnos una historia como la siguiente: “Ahora estoy ganando 1.500 euros al mes y gasto unos 700, por tanto, puedo ahorrar e invertir unos 800 euros todos los meses. Esto, invertido en el S&P500, que de media ha dado entorno al 7% anual siempre… En 35 años…. ¡voilá! ¡Seré millonario!”. Sin duda parece fácil pero no es muy realista.


Está claro que tener en cuenta nuestra situación actual parece el punto de partida, pero no podemos tomarlo como un punto estático. Durante nuestra vida nos ocurrirán muchos acontecimientos, y muchos de ellos requerirán de grandes sumas de dinero (niños, casa, colegios, coches, bodas… y un largo etc.) por tanto, aunque todavía no estemos en el momento de afrontar algunos de estos gastos, no hay que pasarlos por alto.


Para evitar caer en estos errores, lo mejor es empezar por una correcta planificación financiera. A esto podemos dedicar un artículo entero por separado pero, para hacer un esbozo, vamos a dejar aquí algunas de las cuestiones más importantes a las que tenemos que contestar para plantear una correcta planificación.


1. ¿Cuáles son mis ingresos?


a. ¿Son ingresos fijos o son variables?


b. ¿Cómo de vulnerables son mis ingresos? Es decir, ¿qué probabilidad hay de que deje de percibir estos ingresos? ¿Son sostenibles en el largo plazo? No estoy en la misma situación si tengo un pequeño negocio o si soy un funcionario.


c. ¿Esta vulnerabilidad es consecuencia mía o una consecuencia externa de la cual no soy responsable?


d. ¿Tengo alguna forma de aumentar mis ingresos o tengo previsto un aumento en un futuro próximo?


2. ¿Cuáles son mis gastos? Es importante saber diferenciar entre gastos fijos y gastos variables. A la vez, es importante que podamos diferenciar entre gastos necesarios (hipoteca, luz, agua, comida…) y el resto de gastos (ocio, caprichos, viajes…).


a. ¿Cómo preveo que varíen estos gastos en un futuro a corto y medio plazo? ¿Voy a tener más gastos porque tengo un bebé en camino o, al contrario, se van a reducir porque mis hijos se van a independizar?


b. ¿Puedo hacer algo por reducir estos gastos? ¿Cómo cambiará esto mi nivel de vida? ¿Estoy dispuesto a hacerlo? ¿Vale la pena teniendo en cuenta mis objetivos a medio y largo plazo?


c. Una vez descuento gastos, ¿cuánto me queda de ahorro?



3. ¿Qué seguridad me proporciona mi ahorro actual?


Quizás, este artículo debería haber empezado por aquí pero es fundamental que tengas en cuenta que antes de empezar a invertir, es necesario que tengas ahorrado un fondo de emergencias. Un fondo de emergencias es básicamente un colchón de ahorro compuesto por dinero en liquidez (o activos altamente líquidos) cuyo nivel tiene que representar como mínimo, por consenso general, 6 meses de tu de gasto actual. Es decir, que si gastas 1.000 euros al mes, debes tener ahorrados y en liquidez como mínimo 6.000 euros, en un fondo separado de tus inversiones.


Si todavía no has conseguido este fondo, pero aun así consideras que quieres empezar a invertir cuanto antes, puedes seguir estrategias como la de aportar 50-50 a inversión y fondo de emergencia.


4. ¿Cuál es mi nivel de aversión al riesgo y mi rentabilidad esperada?


Este factor es clave y es uno en los cuáles debemos ser brutalmente honestos con nosotros mismos. Es muy común, especialmente en gente joven, decirnos a nosotros mismos que queremos invertir en bolsa y que podemos aceptar el ajetreo del mercado, pero la realidad no siempre acaba siendo esta.


Tenemos que ser sensatos con nuestra situación y conocernos muy bien a uno mismo y nuestro nivel de tolerancia del riesgo. En función de ello debemos crear una estrategia y una expectativa plausible.


Si soy un inversor joven y mi horizonte temporal es una inversión a muy largo plazo, probablemente pueda permitirme invertir un gran porcentaje de mi capital en renta variable o mercados emergentes. Sin embargo, si estoy cerca de mi jubilación, es posible que este tipo de activos me hagan tirarme de los pelos y llevarme más de un gran susto, porque no puedo permitirme “jugar” con mi pensión.


5. Por último, una vez tenga claros los cuatro puntos anteriores, estaré en una posición en la que empezar a plantearme cómo consigo mis objetivos. Para ello debo elegir:


a. Una distribución de activos.

b. Seleccionar los vehículos de inversión.

c. Componer mi cartera de inversión.

d. Establecer criterios de seguimiento y control de riesgos.




3. Conoce bien el activo en el que inviertes: funcionamiento, comisiones, gastos de gestión…



En la última década todos nos hemos familiarizado con términos como preferentes, cláusulas suelo, comisiones abusivas y otras similares, así como a todos nos han producido la sensación de que los bancos y demás entidades financieras se han aprovechado del pequeño consumidor. Si bien no pretendemos exculpar a nadie, también queremos dejar claro que un contrato consta siempre de al menos dos partes implicadas. Esto quiere decir que en última instancia, el cliente es siempre responsable de lo que firma. Teniendo en cuenta esta premisa, nuestra regla es clara, no firmes algo si no lo entiendes y no lo has revisado por completo.


Afortunadamente, en los últimos años la trasparencia en la comercialización de productos financieros ha mejorado notablemente gracias a normativas como MiFID II y MiFIR, pero queda lejos de ser perfecta, lo que significa que debemos seguir haciendo lo máximo posible por protegernos y proteger nuestro capital.


Que nuestro vecino o el colega del trabajo hayan invertido en un producto financiero no lo convierte en cien por cien seguro o rentable. Es muy importante que no te dejes influenciar ni presionar por nadie a la hora de tomar la decisión de invertir en un activo. Con esto no nos referimos solo al gestor comercial o asesor de turno, si no a amigos, conocidos o incluso familiares. A la hora de la verdad, si tu capital se ve mermado debido a que no tuviste en cuenta cierto aspecto del contrato de adquisición del activo (p. ej. comisiones, gastos de mantenimiento, renovación, formación y fluctuación del precio, ventanas de liquidez, etc.) o por condiciones adversas de mercado, lo más probable es que ninguno de ellos vaya a asumir la responsabilidad. Tú eres el único encargado de conocer en qué estás apostando tu capital y si las características del producto son adecuadas para ti.


Por ello, es altamente recomendable que no nos apresuremos a transferir nuestros ahorros en el bróker X o en el banco Y porque tienen un producto maravilloso. Antes de ello, conviene informarnos bien sobre todos los aspectos relevantes de la inversión. A continuación, te dejamos una lista de algunas de las características más importantes a tener en cuenta antes de realizar una inversión.


  • Gastos implicados: incluye comisiones (por suscripción, reembolso, aportación, periódicas…), gastos de gestión o mantenimiento, o cualquier otro tipo de gasto o comisión en que se pueda incurrir desde el inicio del contrato hasta la des-inversión.

  • Formación y fluctuación del precio.

  • Liquidez del producto.

  • Normativas bajo las que opera y organismos regulatorios y supervisores.

  • ¿Cumple el producto con todos los requerimientos de la normativa?

  • Legitimidad y transparencia de la entidad comercializadora y posibles depositarios.

  • Riesgos asociados a la fluctuación del precio y al emisor.

  • Garantías del depositario.

  • Restricciones de cualquier tipo: duración, mínimos o máximos de inversión, etc.

  • Fiscalidad de la inversión.

Una vez hayamos contemplado todos estos puntos y tengamos claro cómo pueden afectar a nuestra inversión, estaremos en un punto razonable para plantearnos si realizar o no la inversión.



4. Fiscalidad de la inversión.


Aunque hemos incluido la fiscalidad en el apartado anterior, es importante contemplar este apartado por separado debido a su importancia.


Dependiendo del horizonte de inversión, así como del capital invertido y la rentabilidad acumulada, la fiscalidad puede convertirse en un punto decisivo a la hora de comprometerse o no con una inversión.


La cantidad anual a pagar por la rentabilidad de nuestras inversiones puede pasar del 0% a más del 20% fácilmente dependiendo de en qué producto invirtamos y qué resultados hayamos obtenido. Por ello, es muy importante que tengamos en cuenta cuál es la fiscalidad que aplica al producto o tipo de inversión en que vayamos a aportar capital.


No es lo mismo invertir en fondos de inversión que hacerlo en acciones. Así como no es lo mismo invertir en bienes inmuebles para su reforma y reventa que hacerlo para alquilarlos.


Ten en cuenta que una tributación baja o nula como la que poseen por ejemplo productos como los fondos de inversión pueden suponer una diferencia drástica cuando se invierte a medio y largo plazo. Es decir, si posponemos la tributación fiscal en el tiempo, estaremos aprovechando al máximo el poder del interés compuesto, por lo tanto nuestra rentabilidad crecerá a un nivel más rápido.


Si quieres saber más sobre las ventajas de los fondos de inversión y su tributación fiscal, te recomendamos que eches un vistazo a nuestros artículos:


Las 5 razones por las que invertir en fondos de inversión.

La ventaja de los traspasos de fondos de inversión y el diferimiento fiscal.


También es conveniente que sepas que las pérdidas patrimoniales en ciertos productos son susceptibles de desgravación fiscal, lo que puede también sernos de beneficio.


Por ello, infórmate bien de cómo debes tributar ante las ganancias o pérdidas de tu inversión y aprende cómo puedes utilizarlo en tu favor, puede suponer un cambio categórico.



5. Aprende a controlar tus emociones.

Solemos asociar la inversión con cifras y, estas, con datos y estadísticas. Si bien es fundamental que hagamos números antes de realizar una inversión, es igual o más importante que no pasemos por alto el componente emocional.


Aunque nos cueste admitirlo, los seres humanos no somos tan racionales ni utilizamos tanto la lógica como nos gustaría. Eso que llamamos sentido común no siempre se manifiesta en el momento adecuado y a menudo opta por esfumarse cuando tratamos con inversiones.


Es básico e imprescindible que aprendamos a controlar nuestras emociones a la hora de tomar decisiones de inversión. Esto es especialmente importante con activos cuya liquidez es alta y de los que disponemos una formación de precios continua y transparente. Es decir, activos del estilo securities (acciones o bonos) u otros derivados o que se formen a partir de esos (como futuros, opciones, fondos de inversión, etc.). Destacamos la importancia de controlar las emociones en este tipo de activos porque es muy fácil dejarse llevar por el pánico o por la euforia en activos que están constantemente variando de precio y eso puede llevarnos a tomar malas decisiones que no son acordes a nuestros objetivos y nuestra estrategia.


Esto no significa que estos sean los únicos activos en los que las emociones pueden jugarnos malas pasadas. Cuando hablamos de tomar decisiones de inversión, nos referimos a inversión de cualquier tipo. Los activos que no tienen una liquidez o formación de precios diaria pueden ser igual de peligrosos a la hora de inferir en nuestras emociones. Es fácil caer en la tentación de comprar un inmueble que a priori era perfecto y después darte cuenta de que no valía tanto la pena.

Si quieres aprender más sobre cómo las emociones pueden afectar nuestras inversiones y qué podemos hacer para impedirlo, te recomendamos echarle un vistazo a nuestro artículo Los 10 errores emocionales del inversor y cómo evitarlos.





Una vez hayas repasado los 5 puntos anteriores estarás prudentemente preparado para empezar a invertir y rentabilizar tus ahorros. Como bonus final, queremos recordarte que únicamente tú eres responsable de tus inversiones y la mejor manera de optimizarlas es mejorando tu cultura financiera. No dejes de formarte y mejorar de forma continua tu estrategia de inversión.


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