• Javier Guerrero Jiménez

La renta básica, su posible financiación y consecuencia sobre la pobreza

Consecuencia de la crisis actual, los gobiernos estatales se están planteando implantar programas de renta básica a la ciudadanía.


En España, el gobierno quiere establecer un ingreso mínimo vital, una medida que nos recuerda a las corrientes que abogan por una renta básica, pero ¿en qué consiste la renta básica? ¿es viable financiar este tipo de iniciativas sociales?


En este artículo, nos gustaría abrir el debate sobre la renta básica universal y cómo debe financiarse. Como se trata de un tema que ha creado mucha controversia, nuestra intención será plantear las razones a favor y en contra de la medida alejándonos de las ideas políticas e ideológicas que pueda implicar.


En términos generales, la idea de instaurar una renta básica surge como una respuesta ante la necesidad de reducir la pobreza y la desigualdad en la sociedad, garantizando a todos sus ciudadanos unas condiciones mínimas de calidad de vida. Para ello, esta renta es una ayuda pública que se basa en otorgar una mínima cantidad de dinero mensual a cada ciudadano, sin distinciones ni condiciones, que le permita satisfacer sus necesidades básicas.



La Cuarta Revolución Industrial en la cual nos hallamos está llevando a la continua robotización de la actividad productiva lo que es posible que lleve a un aumento del nivel del desempleo y la relegación del trabajo humano en favor de robots. Por esta razón, se considera que creará una sociedad de fin del trabajo, en la que serán necesarias medidas como las que se presentan en este artículo para garantizar a la población la obtención de ingresos mínimos.


El Foro Económico Mundial de Davos estimó que la Cuarta Revolución Industrial o también llamada Industria 4.0, acabará con más de 5 millones de puestos de trabajo en los 15 países más industrializados del mundo. Sin embargo, esta no es la primera revolución industrial a la que se ha enfrentado el ser humano, teniendo en cuenta que ha habido otras anteriormente y siempre con el mismo temor, la destrucción de puestos de trabajo. En cambio, la experiencia nos ha demostrado que una revolución industrial siempre ha conllevado un aumento de la productividad y la creación de nuevos empleos, para lo que ha sido necesario la reconversión de los trabajadores hacia estos nuevos trabajos.


De este modo, consideramos que la oportunidad que otorga un aumento de la capacidad productiva por cada trabajador a consecuencia de la revolución industrial, que equivale a reducir el número de trabajadores necesarios, puede ser una ocasión para replantear la posibilidad de implantar una medida como la renta básica.



¿Cómo se financiaría la renta básica?


A continuación, vamos a revisar las alternativas a través de las cuales se podrían obtener los recursos necesarios para financiar la renta básica.


Política monetaria expansiva


Numerosas fuentes proponen la utilización de la herramienta monetaria expansiva, que trataría de aumentar la cantidad de dinero en circulación a través de la creación de dinero por parte de los bancos centrales y que los gobiernos pondrían directamente a disposición de los ciudadanos. No obstante, siguiendo la teoría de “Dinero de helicóptero” formulada por Milton Friedman (1969), está propuesta implicaría crear y repartir billetes entre la población, como si se tratase de regalar efectivo arrojándolo desde un helicóptero.


El aumento de oferta monetaria sería tal, que provocaría con total probabilidad una hiperinflación, lo que equivaldría a una pérdida del poder adquisitivo como la que sufrió la Alemania en el periodo posterior a la primera guerra mundial.


De esta manera, en este artículo queremos desmentir que una política monetaria expansiva sea una posible vía de financiación para la renta básica universal.


Impuestos


En segundo lugar, abordamos el alcance que tendría la aplicación de la renta básica a través de los impuestos. Para contextualizar esta opción, hemos recopilado una serie de datos sobre el porcentaje que supone cada impuesto para las arcas públicas. De esta manera, conocemos que en 2018 el Estado obtuvo un 38,9% de sus ingresos a través de impuestos, cotizaciones sociales o rentas de la propiedad. De todos ellos el IRPF supuso el 39% y el IVA el 33%, siendo los de mayor cuantía y que equivalen a un 15,2% y 12,8% respectivamente de los ingresos totales del Estado (Statista, 2018).


Sobre la renta de las personas físicas (IRPF)


Atendiendo a la dimensión de cada impuesto, el IRPF es la partida que mayor ingreso aporta al Estado, representa el 15,2% de la recaudación. Por consiguiente, esta vía formulada por Daniel Raventós, Jordi Arcarons y Lluís Torrens, plantea la obtención de recursos para pagar la renta básica a través de un modelo de IRPF lo más simplificado posible e igualitario en el que todas las rentas pagarían el mismo porcentaje (49%), para lograr que los efectos redistributivos sean transparentes y fáciles de conseguir, pese a que esto implique no poder tener en cuenta otras situaciones más complejas. Aunque añaden que también se podría conseguir a través de un modelo basado en tramos de renta con distintos tipos impositivos (impuesto progresivo).


En ambos supuestos quedaría exenta la parte correspondiente a la renta básica, dado que si la grabáramos no estaríamos consiguiendo el objetivo de aumentar las rentas, si no que sería una medida meramente recaudatoria en la que la población tendría menos dinero que antes.


Además, se sustituirían las ayudas públicas actuales por la renta básica, cuyo importe sería de 8.881€ (740€/mes), igual a la cuantía establecida como el límite del umbral de pobreza y en los casos en los que la ayuda anterior recibida fuese superior a la renta básica que se plantea, se otorgaría un complemento equivalente a la diferencia entre ambas.


Para representar su repercusión de forma práctica hemos seleccionado tres tipos diferentes de rentas, empleando datos brutos anuales del 2018 en España: la mayor renta anual, una renta anual media y una renta anual escasa por debajo del umbral de pobreza.

La mayor renta anual en España fue de 1.386 millones de €/año (Tabla 1), aplicando el criterio planteado para este caso el porcentaje que pagaría de impuestos subiría un 3,17%, pasando del 45,83% al 49% establecido para la renta básica. Esta subida le supondría una disminución de sus ingresos en un 5,9% que se emplearía para pagar aquellas rentas más bajas.

En el caso de una renta media situada en 25.950€/año (Tabla 2), el porcentaje correspondiente al IRPF subiría un 34,22%, lo que supondría que su cuota a pagar pasaría de 3.835€ a 12.716€. Sin embargo, esta diferencia de 8.881€ se vería compensada por la cuantía aportada por la renta básica, de forma que, a pesar de la subida de impuestos, sus ingresos netos no variarían y seguiría recibiendo la misma cantidad que antes (22.115€).

Para finalizar con estos ejemplos, representamos el caso de una renta de 8.000€/año (Tabla 3) situada por debajo del umbral de pobreza establecido en 8.881€. Vemos como su situación cambiaría, pasando de pagar un 0% a un 49%, en un principio podríamos considerar que este sistema no le permitiría mejorar su situación económica, no obstante, la renta básica que recibiría de 8.881€ sería mayor a la aportación que hace al IRPF (3.920€). De este modo los ingresos que obtendría serían de 12.961€ en lugar de 8.000€, que equivale a una ganancia del 62%.


Como acabamos de ver, esta decisión crearía tres tipos de personas en la sociedad: los “ganadores”, que serían las personas que se encuentran por debajo del umbral de pobreza; personas con una renta media que quedarían igual; y los “perdedores”, que serían aquellos que presentan elevados ingresos. Estos últimos serían quienes más pagarían dado que a mayor renta, mayor sería la contribución que deberían realizar en comparación con la baja renta básica que recibirían, ya que como comentamos al inicio sería igual para todos.


En definitiva, a pesar de que podría ser una medida impopular, consistiría en una redistribución de la riqueza, desde los más ricos a los más pobres, que reduciría la desigualdad en la población y evitaría el riesgo de problemas como la criminalidad y la delincuencia asociadas a la carencia de recursos.


Sobre el consumo


Una vía complementaria a la mencionada en el párrafo anterior consistiría en gravar determinados bienes y servicios cuya recaudación iría destinada a la renta básica, un ejemplo de este impuesto sería el IVA (12,8% de los ingresos del Estado). A través de esta forma, se conseguiría que el impuesto recayese sobre los bienes y servicios que se considerasen más adecuados para soportar esta ayuda pública, restando carga impositiva directa a las rentas.


Sobre la robotización


Como mencionamos al inicio del artículo, una de las principales causas de forzar la implantación de una renta básica podría ser la generada por la automatización de los robots. Por esta razón, se plantea la idea de contrarrestar el efecto negativo del aumento del desempleo provocado por la robotización, a través de un impuesto sobre su actividad.

Las empresas que basan su producción en la utilización de esta nueva tecnología podrían soportar este impuesto a consecuencia del aumento de su productividad y la reducción de gastos en salarios generado por la reducción de su personal.


Reemplazo del sistema de subvenciones actual


Para terminar con las posibles opciones presentadas para financiar la renta básica, nos gustaría hablar sobre una medida controvertida sujeta a la utilización de las partidas presupuestarias actuales.


Para esta fuente de financiación hemos elegido el porcentaje destinado en el año 2018 para familias e instituciones sin ánimo de lucro que fue del 40,57% del presupuesto total del Estado (Civio, 2018). Si comparamos estos datos con el porcentaje del IRPF (15,2%) o del IVA (12,8%), consideramos más que suficiente este porcentaje para sufragar la renta básica.


Su motivación radica en la crítica sobre un uso ineficaz del sistema de subvenciones actual debido a la gran cantidad de recursos que son necesarios para su control y a la presencia de grietas en las cuales gente necesitada no recibe ayudas. Partiendo de la consideración de que la renta básica sería igual para todo el mundo y sin condiciones, podríamos conseguir administrar los recursos de forma más eficiente dado que el dinero destinado a su gestión se reduciría considerablemente, permitiendo que llegase una mayor parte del dinero a los ciudadanos.



Consecuencias comunes de la renta básica


Ahora que acabamos de ver diferentes formas para financiar la renta básica, sería importante recopilar sus posibles consecuencias y que tanto debate han generado:


-Disminuirían los empleos precarios y la tasa de paro debido al descenso de personas en búsqueda activa de empleo. Permitiría mejorar las condiciones laborales de los trabajos más precarios si los empresarios no consiguen cubrir los empleos necesarios y de esta manera se le otorgaría un poder de decisión al trabajador.


-Fomentaría la inactividad y por consiguiente reduciría el nivel de producción. Muchas personas que recibiesen un salario bajo valorarían su situación laboral, tomando la decisión de recibir únicamente la renta básica y dedicar su tiempo al ocio, en lugar de recibir un sueldo complementario en contraprestación por su trabajo.


-Aumentaría la capacidad de compra de muchas familias que conllevaría un aumento de la actividad económica. Según la teoría sobre el consumo formulada por John Maynard Keynes, establece que cuanto mayor es el nivel de ingreso de una familia, mayor es el consumo. En consecuencia, para familias con insuficientes recursos, la implantación de la renta básica supondría un aumento de su consumo, que a su vez llevaría asociado un efecto positivo en la activación de la economía. Este aumento de renta debería ser soportado por un aumento en la oferta de bienes y servicios para poder satisfacer la demanda de todos los usuarios, si no fuese así, ante un exceso de demanda se desencadenaría un aumento de los precios, que conllevaría una elevada inflación.

Conclusión


Consideramos que aunque se financiara la renta básica por cualquiera de las vías que acabamos de ver, no se solucionaría el problema de la desigualdad y la pobreza, dado que las causas de estos desajustes sociales no se resolverían simplemente con ingresar una cantidad de dinero en las cuentas corrientes. Sin embargo, sería un gran respiro para millones de familias que viven bajo el umbral de pobreza, el cuál en 2018 se contabilizó que afectaba a 9.950.000 personas en España o lo equivalente al 21,5% de la población española (Datos macro, 2018).