• Ionut Traian Matei

El origen y potencial del interés compuesto

Si como a nosotros te apasiona el mundo de la inversión y buscas rentabilidad a largo plazo en tus ahorros te habrás quedado fascinado por el potencial del interés compuesto.


Pues bien, tienes que saber que el interés compuesto no es ninguna idea reciente sino que se trata de un concepto muy antiguo.


Los primeros vestigios históricos del interés compuesto se remontan miles de años atrás, en lo que se conoce como el Arco Fértil -Sumeria, Babilonia y Asiria. Estos registros remontan el uso del interés compuesto en la civilización sumeria aproximadamente en el 4400 a.C. (Muroi, K. 2015)


Sin embargo, la civilización a la que más autores atribuyen la creación del interés compuesto es el antiguo imperio babilónico (2000–1600 a.C.). Debido al descubrimiento de unas tablas de arcilla que planteaban el siguiente problema de interés compuesto:


¿Cuánto tiempo necesitará un préstamo para duplicar su valor aplicando el interés compuesto?


Un libro que trata de forma amena historias sobre Babilonia y que es muy recomendable para iniciarse en las finanzas personales y la inversión es El hombre más rico de Babilonia. En él, mediante pasajes y fábulas se menciona el funcionamiento del interés compuesto en aquella antigua civilización.

Lo más asombroso de estos hechos es que se considera que el interés compuesto precede incluso a la creación del dinero, pero ¿cómo es posible? ¿qué usaban entonces en su lugar?


Con anterioridad a la creación del dinero como medio de cambio, las civilizaciones utilizaban otros bienes como la sal, semillas o ganado (A History of Interest Rates, 2005)

La explicación reside en los préstamos de semillas que, tras la cosecha, podían ser devueltas con intereses. De igual manera, las cabezas de ganado se devolvían con parte de su progenie (A History of Interest Rates, 2005).


En esta época, la idea del interés compuesto estaba relacionada con el aumento natural del rebaño o la cosecha mientras se prestaban dichos bienes.


Otras civilizaciones posteriores como la egipcia, romana o griega siguieron empleando el interés compuesto. Sin embargo, en el medievo la iglesia comenzó a prohibir su uso al considerarla como usura.

¿Tan grande es su potencial para considerarse como usura?


El interés compuesto se basa en el cálculo del interés sobre el principal de la inversión, que incluye todos los intereses acumulados de periodos anteriores.


En contraposición con el interés simple que calcula los intereses sobre el capital inicial, con el interés compuesto en cada nuevo cálculo de los intereses, el principal se habrá incrementado produciendo lógicamente unos intereses mayores.


Por este motivo, también se conoce al interés compuesto como interés sobre interés.


De una manera más concreta, el interés compuesto se calcula multiplicando el capital inicial por uno más la tasa de interés anual elevada al número de períodos.

Con un ejemplo numérico se aprecia mucho más claro el poder del interés compuesto en el largo plazo.

Rápidamente podemos darnos cuenta de su tremendo potencial. Tanto es así que todos conocemos la cita del Albert Einstein en la que define al interés compuesto como

“La fuerza más poderosa del universo”

Parece un poco exagerado, ¿verdad? A ver si mediante la siguiente fábula sobre el ajedrez y los granos de trigo termino de convencerte.


Hace muchos siglos, en un país de oriente vivía un rey que había perdido a su hijo en una batalla. Causa de esta terrible tragedia el rey quedó consternado y nada que le ofrecían sus súbditos podía alegrarle. Hasta que un buen día llegó al reino un juego de estrategia que logró entretener y sonreír al rey. El rey quedó tan contento que decidió recompensar a su creador con cualquier cosa que él deseara.

El inventor del ajedrez pidió un grano de trigo en la primera casilla del tablero, dos granos en la segunda, cuatro en la tercera, ocho en la cuarta, dieciséis en la quinta y así sucesivamente hasta completar las sesenta y cuatro casillas del tablero de ajedrez. El rey, sorprendido por la humildad del vasallo, pidió que calcularan los granos de trigo que le correspondían y cumplieran sus deseos.

Al poco tiempo los matemáticos del reino regresaron asombrados señalando ¡no alcanzaba todo el trigo del mundo para cumplir con lo que pide!

Esta fábula, es un ejemplo que demuestra muy bien, el tremendo potencial del interés compuesto ya que la cifra final de semillas que el rey debía dar al súbdito era nada más y nada menos que 18.446.744.073.709.600.000.


Como ejercicio final te propongo una cuestión ¿qué prefieres 1.000.000€ o 0,01€ el día 1, 0,02€ el día 2, 0,04€ el día 3 y así sucesivamente hasta cumplir los 30 días del mes?