• Ionut Traian Matei

¿Qué es el déficit presupuestario y la deuda pública? ¿Debería preocuparnos un elevado déficit?

Estamos habituados a oír hablar de la deuda pública, déficit/superávit presupuestario o deuda pública en función del PIB, pero ¿sabemos realmente qué es cada uno de ellos y cuál es su relación?


Debido a que estos términos pueden llevar a la confusión y, dado que en la actualidad estamos en un momento en el que la deuda nacional se disparará consecuencia de la pandemia del COVID-19, nos proponemos explicar estos conceptos, así como las implicaciones y riesgos que tiene una elevada deuda pública para un país.


¿Qué es déficit presupuestario y la deuda pública?


Durante un año, cuando una persona gasta más de lo que ingresa con su salario sabemos que entra en números rojos. Esto supone que para hacer frente a los pagos que tiene que realizar deberá, o bien recurrir a sus ahorros, o bien pedir prestado a un amigo o al banco esa cantidad de dinero.


En términos de economía nacional este concepto no dista mucho ya que cuando un Estado gasta más de lo que recauda a través de los impuestos incurre en un déficit presupuestario. El déficit presupuestario obliga al Estado a recurrir a sus reservas nacionales o, lo que generalmente hacen, acudir a los mercados financieros para obtener el dinero necesario para pagar el déficit.


El Estado obtiene ese dinero mediante la emisión de bonos o letras del tesoro que el sector privado u otros países le compran. Esto no deja de ser un préstamo que recibe un gobierno en el que se compromete a devolverlo en un periodo de tiempo junto con unos intereses gracias a las futuras recaudaciones que reciba.


La acumulación a lo largo del tiempo de estos préstamos que ha solicitado el Estado recibe el nombre de deuda pública.


Otra manera para referirnos a la deuda de un país (y que en muchas ocasiones lleva a malentendidos) es compararla con el PIB. El ratio deuda pública / PIB relaciona la cantidad de deuda acumulada que tiene un país con la producción de bienes y servicios de un Estado durante un año. Esto supone que el PIB, una variable-flujo (producción por año) se compara con una variable estática como es la acumulación de deuda pública de un país dándonos como resultado el tiempo necesario que debiéramos destinar de producción para pagar la deuda pública. Sin embargo, como sabemos la deuda pública se paga mediante los ingresos del Estado (los impuestos que recauda el país a lo largo del año) y con toda la producción final del país.


¿Debemos estar preocupados por una elevada deuda pública?


De un modo general, los aumentos de la deuda pública son un motivo de preocupación en sí mismos. Un déficit actual implica una restricción presupuestaria en el futuro ya sea mediante la disminución del gasto público o un aumento en los impuestos. Esta acumulación de deuda pública supone una mayor carga para las generaciones futuras de contribuyentes y pueden poner en entredicho la propia solvencia y viabilidad del Estado.


No obstante, debido a que los países crecen económicamente a lo largo del tiempo, una deuda que parecía insostenible puede llegar a ser razonable dependiendo del contexto en el que nos encontremos.


Antes del brote del Covid-19, el entorno en el que nos encontramos suponía que las tasas de interés no solo eran bajas, sino que eran más bajas que las tasas de crecimiento de los países.


De haberse mantenido esta desigualdad, la deuda pública tendría un escaso o nulo coste fiscal. Dicho de otra manera, una deuda más alta no hubiera conducido a impuestos más altos, el gobierno se limitaría simplemente renovar la deuda, emitiendo nueva deuda para pagar los intereses, y la deuda aumentaría a la tasa de interés.


Dado que el PIB aumenta a una tasa de crecimiento que excede la tasa de interés, la relación deuda / PIB disminuirá con el tiempo sin la necesidad de aumentar los impuestos.


El shock producido por el COVID-19 ha obligado a los Estados a hacer un esfuerzo presupuestario para aumentar el gasto sanitario y, consecuencia de la paralización de la economía el déficit público se ha disparado.


Este hecho se produce debido a que un shock activa los estabilizadores automáticos de la economía que supone que los ingresos fiscales disminuyen al haber una menor actividad productiva y el déficit aumenta debido a que aumentan los programas de desempleo, aumentando de esta manera la deuda pública.


Ahora que la relación entre la tasa de crecimiento del PIB y la tasa de interés se ha revertido la preocupación sobre el nivel de deuda pública de los Estados toma una mayor importancia. Es ahora cuando se comienza a poner en entredicho la solvencia de los Estados y si puede darse la posibilidad de que incurran en un default financiero. Consecuencia de ello, los mercados financieros comienzan a exigir un interés mayor debido al incremento del riesgo del país.


Con la deuda pública creciendo rápidamente el margen de maniobra de los gobiernos es menor y las miradas han vuelto ha situarse en los paquetes de estímulos de los bancos centrales.

Los Estados que no han ido reduciendo su deuda pública durante la etapa de bonanza económica corren el riesgo de aumentar su deuda hasta niveles insostenibles en un escenario de incremento de los costes de financiación o un nuevo shock.

Recordemos que ahora, no solo aumenta el déficit publico sino que los países tienen tasas de crecimiento negativas.


Por este motivo, la deuda pública debe ser un motivo de preocupación y, requerirá a parte de los estímulos de los bancos centrales, de un programa de ajuste presupuestario que reduzca el gasto público de los gobiernos.