Se avecinan nubes negras en la economía mundial

November 3, 2018

Con el cierre de octubre hemos dejado atrás el peor mes en términos bursátiles a nivel mundial desde el año 2012 y continuamos con la senda pesimista de comienzos del 2018. Se observa como los inversores están cada vez más preocupados por la desaceleración del crecimiento y las perspectivas de una inminente crisis económica que ponga fin al ciclo expansivo.

 

Bien es cierto que en épocas de crecimiento siempre se escuchan voces que alertan de las crisis venideras, no obstante, en la actualidad estos temores parecen estar bien fundados y todo parece indicar que para el año 2020 entraremos en una recesión global.

 

Para argumentar esta idea debemos remontarnos a 2017, año en el que observábamos una sincronización a nivel mundial del crecimiento económico, las grandes economías avanzadas (excepto el Reino Unido) y la mayoría de los países emergentes disfrutaban de una fase expansiva y unos vientos de cola favorables. Sin embargo, en 2018 la historia es muy diferente, las tasas de crecimiento están muy desequilibradas y existen amenazas a la continuidad del ciclo expansivo.

 

La principal divergencia la encontramos entre Estados Unidos y el resto del mundo. La política fiscal expansiva del presidente Donald Trump ha provocado que los últimos datos de crecimiento trimestral hayan sido del 4,2% y de 3,5% en el Q2 y Q3 respectivamente (U.S. Bureau of Economic Analysis, 2018). Del mismo modo, la tasa de desempleo actualmente se encuentre en el 3,7%, siendo la más baja desde 1969 (U.S. Bureau of Labor Statistics,2018).

 

Mientras tanto, al otro lado del Atlántico, los 19 países de la zona euro continúan su recuperación a un ritmo muy inferior debido, principalmente, por los conflictos y la inestabilidad política. La tasa de crecimiento en el Q2 y Q3 hayan sido del 0,4% y del 0,2% respectivamente (Eurostat, 2018) mientras que el desempleo se mantiene en el 8,1% (Eurostat, 2018), datos muy por debajo de la velocidad de crucero americana.

El Brexit y los nuevos gobiernos populistas, haciendo especial alusión al italiano, hacen que el despegue europeo sea más lento de lo esperado.

 

Esta divergencia implica que las políticas monetarias de la Reserva Federal hayan tomado un camino totalmente diferente al de sus principales homólogos internacionales. La Fed continúa con su estrategia de elevar sus tipos de interés mientras que el Banco Central Europeo todavía está lejos de su primer aumento.

 

Consecuencia de ello el dólar se fortalece perjudicando a los países emergentes al tener mayores dificultades para devolver sus deudas denominadas en dólares y para evitar la salida de capitales consecuencia del mayor atractivo de la renta fija americana. A lo largo de este año ya hemos visto como el alza del dólar ha llevado a Argentina, Turquía y más recientemente Pakistán a solicitar un rescate al FMI. Por otra parte, la mayor preocupación sigue siendo la desaceleración de China y su alto endeudamiento.

 

Todos estos problemas pronto podrían amenazar la economía americana cuya tasa de crecimiento anual está por encima de su potencial como consecuencia de los estímulos fiscales. Cuando pasado 2019 los efectos de la expansión fiscal desaparezcan y el PIB vuelva a su tasa normal esperada del 2% Estados Unidos deberá lidiar con una economía sobrecalentada con unas tasas de interés y una inflación elevada a nivel mundial consecuencia de presiones como el aumento del precio del petróleo. 

 

Finalmente, si se produce la confluencia de todas estas amenazas se dará una tormenta perfecta, la cual será difícilmente aplacable por la falta de las herramientas de políticas necesarias. La posibilidad del estímulo fiscal queda limitado por la inmensa deuda pública. Las políticas monetarias convencionales estarán limitadas por las bajas tasas de interés de los principales bancos centrales por lo que se deberán utilizara otras herramientas, ahora familiares, como el quantitative easing (QE) de las cuales todavía se duda su eficacia.

 

En este escenario, a diferencia del crack del 2008 en el que los gobiernos tenían más herramientas para aminorar la caída, parece que el margen de maniobra de las políticas está mucho más limitado ya sea por el elevado endeudamiento público, la actual senda monetarias  o la dificultad de pactar rescates con gobiernos populistas podrán hacer que la próxima crisis sea mucho más difícil de combatir.

 

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