• Ionut Traian Matei

La economía española muestra signos de agotamiento


El tercer trimestre del 2018 parece estar marcando el comienzo de una desaceleración en la economía española. Los indicadores macroeconómicos conocidos en las últimas fechas nos revelan un frenazo en la evolución y el crecimiento mantenido durante la recuperación.

Los datos conocidos durante los últimos días sobre el consumo interno, las exportaciones y el turismo, los tres principales motores de la recuperación económica, parecen estar mostrando signos de agotamiento.

Este lunes el INE publicó los datos de julio de la evolución del turismo dentro de nuestro país. Las sorprendentes cifras mostraron una variación interanual del -4,9% en el número de turistas extranjeros, el peor registro en los últimos ocho años.

Los franceses, alemanes y británicos, principales consumidores de nuestra oferta turística, cambiaron España por otros destinos como Egipto, Túnez, Grecia o Turquía que han dejado atrás la inestabilidad política de los años precedentes o han visto como su divisa se deprecia de forma abrupta.

El consumo de las economías domésticas mostró en el segundo trimestre un descenso interanual del 0,5 respecto del anterior. Las principales causas son la reducción de la renta disponible de las familias como consecuencia del aumento de la inflación motivada por el incremento del precio del petróleo y el estancamiento de los salarios.

Por otra parte, destacar la ralentización de las exportaciones que, lastradas por leve crecimiento de la eurozona y las ya conocidas amenazas internacionales, crece a un ritmo menor que el crecimiento del PIB lo que resta su contribución al mismo.

Todo ello ha motivado una ligera desaceleración en las tasas de creación de empleo que parece que continuará durante los próximos meses.

Viendo los datos observamos que la economía española se enfrenta a un entorno diferente que el de los años anteriores. Los vientos de cola que impulsaron la recuperación ahora han perdido fuelle llevando a la economía a una desaceleración.


Lejos de ser alarmistas, esta desaceleración de momento es moderada y entra dentro de las previsiones que se anticipaban desde las principales organizaciones internacionales. No obstante, lo que no debemos hacer es esperar a que pase pensando que será una coyuntura temporal. Debemos aprender de los errores pasados y ser prudentes ante los principales riesgos que amenazan el crecimiento.

Ignorar estas alertas esperando que sean pasajeras es lo peor que podemos hacer, debemos de convertir las amenazas en una oportunidad. Culpar a los factores externos no debe ser una solución. Plantear una ruta sostenible que asegure el crecimiento y aproveche oportunidades actuales como la crisis de los países emergentes para atraer inversión extranjera sí debe ser el modelo a seguir.