El Banco de Inglaterra sigue la senda de la Fed mientras que el BCE mantiene sus tipos al 0%

August 6, 2018

La semana pasada el Banco de Inglaterra subió los tipos de interés al 0,75%. La noticia, totalmente esperada, supone el segundo incremento en una década después de que el pasado 2 de noviembre de 2017 aumentaran desde el 0,25% al 0,5%, su primer aumento desde la Gran Recesión.

 

No obstante, sí ha sido una sorpresa para el mercado el voto por unanimidad a favor del aumento. Los argumentos alegados por el gobernador del Banco de Inglaterra han sido el aumento de la inflación – situada por encima de su objetivo del 2%–  y el crecimiento del PIB cuyas previsiones se sitúan cercanas al  1,75%.

 

El Banco de Inglaterra busca reforzar la economía y continuar con la senda alcista después de que el 4 de agosto del 2016 recortara los tipos al 0,25% por la incertidumbre creada por el Brexit. La hoja de ruta de su gobernador, Mark Carney, es aumentar gradualmente los tipos, posiblemente una vez al año, para mantener la inflación en su objetivo.

 

El Banco de Inglaterra se alinea con la estrategia iniciada por la Fed en diciembre del 2015 cuando aumentó por primera vez desde la Gran Recesión el precio del dinero.

Actualmente la Fed sitúa sus tipos entre el 1,75% y el 2% después de elevarlos por última vez el 14 de junio de este año.

 

Del mismo modo se espera que de aquí a septiembre la Fed anuncie la tercera subida del año, manteniendo así su estrategia de seguir elevando los intereses de manera gradual.

Estados Unidos avanza de esta manera hacia la normalización monetaria de su economía la cual se encuentra en tasas de paro del  4% y un extraordinario crecimiento del 4,1% en el último trimestre.

 

Dicha normalización contrasta con la situación en la que se encuentra la eurozona, las 19 economías del euro crecen pero siguen sin despegar pese a las facilidades de la política monetaria del BCE. Las cifras macroeconómicas publicadas en los últimos días confirman la ralentización de los países del euro a pesar del largo periodo de estímulos monetarios provenientes de Fráncfort.

 

La incertidumbre creada por una posible guerra comercial y el aumento del proteccionismo a nivel mundial es el mayor riesgo al que debe hacer frente la zona euro (sin olvidar el conflicto por el nuevo gobierno italiano). Estas amenazas son las que parecen fundamentar las bajadas en las perspectivas de crecimiento de las economías europeas.

 

No hay duda de que la economía de la eurozona aún necesita tasas de interés muy bajas. Los datos macroeconómicos han mostrado signos de debilidad en los últimos meses y, aunque gran parte de esta debilidad probablemente sea temporal, la inflación subyacente sigue siendo cercana al 1%.

 

Con un desempleo fuera de Alemania que permanece muy por encima del nivel visto antes de la crisis, todavía hay mucha holgura para que la economía de la eurozona la absorba antes de que el BCE pueda confiar en que la inflación regrese a su objetivo.

 

La duda ahora se plantea en el escenario que queda cuando en septiembre el BCE comience a poner fin a su programa de compra de bonos y, a mitad o finales del 2019, eleve los tipos de interés por primera vez desde que comenzara la crisis.

 

Parece que las amenazas mencionadas previamente deberán hacerse frente sin las extraordinarias facilidades del BCE y desde una política monetaria más normalizada.

                                          Fuente: elaboración propia a partir de www.datosmacro.expansion.com 

 

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